Una joven y sus dos nenes volvieron a Buenos Aires tras 50 días de pesadilla

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Vivieron un calvario en Salvador Mazza por la conducta negligente de varios organismos.Un caso que interpela a ser menos indiferentes ante las denuncias de violencia.

Una mamá de 19 años y sus hijos, de 2 y 3 años, se reencontraron ayer en Buenos Aires con la abuela de los nenes, luego de permanecer privados de su libertad y en total indefensión durante 50 días en Salvador Mazza.

Por el forzado encierro al que fueron sometidos en una vivienda del barrio Pueblo Nuevo, a un paso de la frontera con Bolivia, el padre del menor de los niños, un joven de 20 años, terminó detenido bajo cargos de privación ilegítima de la libertad, coacción agravada y lesiones en situación de violencia de género.

La causa que se abrió en el norte salteño, en momentos en que la zona está bajo la lupa por el accionar de una aceitada red de trata, tiene aristas que la transforman en un caso testigo del desinterés que diferentes organismos muestran ante denuncias que podrían evitar irreparables consecuencias como las que sufren miles de mujeres, niños, niñas y adolescentes en manos de agresores, pedófilos, tratantes y femicidas.

Esta vez, por las rápidas y efectivas reacciones de la Casa de Salta en Buenos Aires, el Juzgado de Violencia Familiar y de Género 1 de Tartagal, la Fiscalía Penal de Salvador Mazza y la Policía de la localidad fronteriza, la joven madre y sus nenes regresaron a Buenos Aires sanos y salvos. Destacable fue también la respuesta de la Fundación Volviendo a Casa, que gestionó los tres pasajes aéreos para el vuelo que los llevó ayer desde Salta rumbo a Ezeiza.

Las raíces de la pesadilla que sacó a relucir el expediente penal se remontan a 2019, cuando la madre de los niños y su pareja se conocieron en una escuela para adultos de Buenos Aires, donde intentaban completar la secundaria. Ella es del barrio Constitución, donde vive con su madre y seis hermanos. El es de la zona de Pompeya.

Cuando entablaron la relación su hijo mayor tenía dos meses. El padre del bebé, un chico menor que ella, se desentendió de la paternidad y su rastro se perdió en Brasil.

Al principio su nueva pareja trataba bien al nene y le hizo sentir que podían construir una familia. Pronto se fueron a vivir juntos a la casa de un hermano de él y todo parecía marchar bien, pero al quedar embarazada del menor comenzaron a recrudecer las agresiones verbales y físicas contra ella y su primer hijo. Insultos, golpes y abusos se volvieron frecuentes. Las diferencias de trato hacia los niños se acentuaron a la par de las agresiones padecidas por el mayor de los hermanitos.

Las denuncias de ella y de su madre se multiplicaron desde seccionales policiales del conurbano bonaerense hasta la Oficina de Violencia Doméstica (OVD), la Defensoría Zonal de la Comuna 1 y las oficinas habilitadas para brindar protección a niños, niñas y adolescentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Tras reiteradas denuncias de vecinos y de actuaciones policiales, se firmó un acuerdo para que los niños permanecieran al cuidado de su abuela, pero no se cumplió. Después, con el grupo acomodado en una vivienda de Avellaneda, se dispusieron entrevistas de seguimiento y se acordó el ingreso de la joven y sus nenes a un hogar para madres con hijos.

Fue en la espera del proceso de vacante que se perdió su paradero, el pasado 20 de noviembre, y desde entonces la abuela de los niños se cansó de golpear puertas sin que ningún organismo atendiera sus denuncias. Sobre las fiestas, la atormentada mamá de los nenes, a quien su pareja le quitó el celular, logró enviar un angustiante pedido de auxilio que puso en el foco de atención en Salvador Mazza. En realidad se sabía por denuncias anteriores que el joven contaba con familiares allí y había amenazado alguna vez a su pareja que, si seguía con las denuncias, el se iría a vivir con sus familiares al norte salteño y no vería nunca más sus hijos. Ahora, a partir de nuevas denuncias y declaraciones, el fiscal Cazón desprendió que el joven mantuvo a su pareja y los niños en Salvador Mazza bajo amenazas de muerte.

La abuela recurrió a la Casa de Salta

Fue una presentación desesperada que hizo la abuela de los nenes en la Casa de Salta en Buenos Aires la que motivó respuestas urgentes desde el 5 de enero último.
Su exposición llegó al despacho de la jueza de Violencia Familiar y de Género 1 de Tartagal, Carmen Juliá, el 6 de enero y la magistrada, sin demora, envió un oficio al fiscal penal de Salvador Mazza.

Esa misma tarde Cazón dispuso consignas discretas con policías de civil en diferentes lugares y al día siguiente, en uno de los domicilios vigilados, efectivos de seguridad rescataron a la joven mamá y sus nenes. Poco después su pareja fue detenida en una verdulería.

La abuela de los chicos agradeció la celeridad de las actuaciones en Salta, pero con el mismo énfasis denunció que la indiferencia de organismos de Buenos Aires pudo haberle dado un ominoso desenlace a la pesadilla que vivieron su hija y sus pequeños nietos.

“Cuando todos los organismos tanto nacionales como provinciales y los operadores de la Justicia mancomunen sus esfuerzos, seguramente evitaremos que mujeres, niños, niñas y adolescentes sufran consecuencias lamentables”, afirmó Cazón. Recalcó que este es un precepto que fue remarcado por el procurador general de la Provincia, Abel Cornejo, como jefe de fiscales.

 

 

Las doce horas de oro

Isabel Soria, referente de la Fundación Volviendo a Casa, advirtió que lo más importante ante la desaparición de una persona son las 12 primeras horas, o “las 12 horas de oro”, como suelen ser definidas.

Soria cuestionó la falta de responsabilidad que hubo en los organismos de Buenos Aires tras la desaparición de la joven mamá y sus dos nenes. “No tomar en cuenta el protocolo de búsqueda como base y llevarlo todo a la ubicación de paradero hace que nuestras mujeres desaparecidas no tengan esperanzas de ser encontradas”, enfatizó .

Soria destacó la celeridad con la que se llevaron adelante las actuaciones en el norte salteño. “Ninguna persona se va de su casa porque quiere. Siempre hay algo o alguien que la incita u obliga”, observó.

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