Murió Omar Moreno Palacios, símbolo de la canción folclórica surera

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El artista, uno de los máximos referentes de la canción folclórica surera, falleció tras permanecer varios meses internado por una encefalitis.

Omar Moreno Palacios, exponente único del canto surero, no solamente por cultivar un género atravesado por los ritmos de milonga, cielo, cifra y estilo sino, además, por su indagación poética y la pericia de su mano derecha, se definía como “un cantor de cosas con historia”.

Mucho más que un mero intérprete pero convencido de ser parte de un engranaje cultural surcado de lazos, puentes y memorias, el artista fallecido anoche a los 82 años.

En agosto de 1994 y tributado en el imprescindible ciclo “Maestros del alma”, sostuvo: “Para muchos cultores de la milonga, hablar del zaino y vestir bombachas es una mera puesta en escena, para mí es lo cotidiano».

En el mismo sentido, en septiembre de 1999, expresó: “Yo no me disfrazo para cantar, vivo con ropa de gaucho porque me siento cómodo y es la forma de ser de cada uno. Puede haber otros intérpretes que cambian su pilcha para actuar, allá ellos, los respeto, pero no comparto su posición».

Aunque su voz lograba ser escuchada, el músico se quejaba del poco espacio que el género que abordaba tenía dentro del propio universo del folclore. Por ello, en 2003 y habiendo grabado un nuevo álbum, «Surero en todas partes», después de 17 años, dijo: «En mis comienzos anduve 12 años para poder grabar y me cansaba de recorrer las grabadoras para que todas me dijeran ‘lo suyo es muy bueno, pero no vende’”.

“Actualmente -abundó Moreno Palacios- se puede ver que cualquier otro género, aun dentro del folclore, edita enseguida pero el canto de la pampa no tiene el espacio ni el lugar que se merece».

Tres años más tarde, en noviembre de 2006, señalaba a esta agencia que el canto surero no aparecía en los festivales folclóricos “porque en esos lugares quieren solo palmas y bulla arriba del escenario”.

Hacia enero de 2013, tras ser jurado del Pre-Cosquín y antes de tocar en ese festival, reflexionó: «El público responde un poco a aquello que le piden. Si le piden palmas hace palmas, pero si le apuntás al hombre interior y te ponen el oído que necesitás, podés llegar hasta el alma. Tengo confianza. El público sabe escuchar».

También por entonces y a cuento de haber evaluado a nuevos valores folclóricos, lamentó que «los muchachos aprenden un tema y lo cantan sin tener memoria de lo que están cantando”.

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