Fallecidos por coronavirus: no tienen velorios y no pueden ir a nichos

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El protocolo dice que deben pasar 12 horas entre la muerte y el cementerio.

Desde abril que las funerarias locales pedían una guía sobre cómo proceder, lo que finalmente llegó hace dos semanas, unos días antes de que se registrara la primera muerte por COVID-19 en el hospital San Bernardo.

Plantea un trabajo en conjunto entre las diferentes instituciones que interceden ante un fallecimiento: hospitales, clínicas, servicios fúnebres, Registro Civil, autoridades sanitarias e incluso funcionarios judiciales.

El protocolo debe activarse ante caso confirmado o sospechoso y se recomienda no realizar autopsias.

«La preparación del cadáver debe realizarse en el área de fallecimiento del paciente aislado, debiendo ser trasladado a la morgue y/o depósito del nosocomio en el menor tiempo posible dentro de la bolsa estanca», indica la guía.

El primer paso está a cargo de los hospitales o clínicas y comienza con la desinfección del cuerpo. «Se lo rocía con alcohol e hipoclorito de sodio, lavandina. Todos los que manipulen tienen que tener elementos de seguridad personal» indicó Marcelo Nallar, gerente del hospital Oñativia.

La despedida

Luego de la desinfección se realiza el reconocimiento del cuerpo, pero solo se permite el ingreso de un familiar directo. Puede hacerlo un cónyuge, conviviente, hijo, padre, quien tenga un vínculo demostrable o un representante legal con la autorización judicial.

Quién ingrese a reconocer el cuerpo debe dejar todos sus datos para realizarle un posterior seguimiento epidemiológico durante 14 días.

«No pueden tener contacto con los cadáveres. Luego, el cuerpo es depositado en una bolsa mortuoria estanca. Son bolsas herméticas para evitar fuga de gases o elementos contaminantes. El traslado a la morgue debe ser lo más rápido posible por una vía independiente si la tienen», indicó Nallar.

La bolsa mortuoria debe ser sellada con un pegamento y llevar una etiqueta con datos del fallecido y del médico tratante, en la que además se advierta: «COVID-19». Si se contrata una empresa fúnebre privada y el fallecido fue atendido en hospital público, la empresa deberá reintegrar la bolsa mortuoria para «no desabastecer» a las instituciones sanitarias.

«En otra bolsa se desinfectan con lavandina y alcohol todos los elementos personales del fallecido y van en bolsa de plástico sellada. Se muestra esa bolsa a la familia y queda a disposición de ellos», indicó Nallar.

Según el protocolo provincial, los familiares por vía telefónica o virtual coordinarán con el servicio fúnebre.

Los que no cuenten con cobertura de sepelio deberán emitir una declaración jurada de escasos recursos para que los servicios fúnebres sean absorbidos por el Estado.

Para agilizar los trámites de defunción, el Registro Civil dispuso ciertas facilidades que combinan gestiones presenciales y digitales. A diferencia de lo que ocurre con las actas de defunción comunes, para los decesos por COVID-19, solo personal sanitario realiza el trámite.

Sin velorio

Luego de las actuaciones sanitarias y las gestiones de los familiares se les da paso a las empresas fúnebres.

«No hay velatorio», aclaró María Inés Pieve, coordinadora ejecutiva de Pieve Sepelios.

La funeraria pone la bolsa en el cajón donde se lo sella: en el hospital o clínica. «El personal trabaja con todas las medidas de seguridad. Desde allí se dirigen al crematorio o cementerio. Algún familiar puede acompañar el féretro», explicó la empresaria fúnebre.

Según recomienda el protocolo, «no se debería superar» las 12 horas entre el momento del fallecimiento y el traslado del cuerpo al destino final. Se puede optar por la disposición en la tierra o el crematorio. La norma recomienda esto último, aunque también aclara que se deben respetar las creencias del fallecido y la familia.

«Eso es algo que se aclaró porque el protocolo hablaba de inhumación, solo tierra. Ni mausoleo ni nicho», indicó Pieve.

Se exige que el cajón tenga ciertas características. «Debe tener caja metálica, ya sea que vaya para cremación o tierra, debidamente sellados, con el interior de la caja metálica soldada. Los que se usan generalmente son sin metálica», indicó por su parte Silvana Marcos de Rigo Sepelios.

En el cementerio solo se permite que ingrese un representante del credo del fallecido para las exequias. Las parcelas deben estar identificadas en lugares alejados de caminos transitados para «reducir el impacto emocional que esta situación de pandemia provoca».

Además de ser identificadas, las parcelas tienen las mismas extensiones que las comunes, con espacio para tres cajones por fosa. Si bien se da detalles como en la cobertura del suelo: «encima de cada féretro por hilera, a razón de dos kilos de cal hidratada por metro cuadrado», no se indica si dicha parcela es exclusiva para cuerpos infectados.

Casos sospechosos

Pieve activó el protocolo con dos casos confirmados de COVID-19 y tres casos sospechosos que luego se informó, eran negativos. «El hisopado demora 24 horas, entonces, si hay sospechosas ya se activa. Hoy ya no se puede saber porque los casos que tenemos sufrieron muerte por otras causas y luego el resultado dice que es por COVID», indicó Pieve.

En los dos primeros fallecimientos relacionados con la pandemia, el de Orán y Gemes, los resultados del test de coronavirus se conocieron post mortem. Hasta el momento, son tres los decesos relacionados a la COVID-19.

El tiempo de espera del resultado provoca tensiones entre las empresas y los familiares del fallecido, que intentan tener la tradicional ceremonia. «Muchos creen que el familiar no tiene coronavirus y nos pasa que quieren esperar el hisopado y las clínicas no pueden conservar el cuerpo mucho tiempo. El cuerpo debe estar en condiciones y el cementerio debe estar preparado para recibirnos, porque no tenemos paradas en el medio. Son bastantes cosas que se coordinan», indicó la representante de la empresa fúnebre.

Ante la angustia y la incertidumbre que genera no poder despedir al familiar, se acude a ciertas soluciones que intentan suplir las ceremonias. «Nosotros somos una empresa fúnebre y queremos homenajear a la familia y al fallecido y esto nos impide la despedida habitual. En un caso la familia quería el velatorio y lo que hicimos fue ceremonia de entrega de cenizas con una misa en homenaje a la fallecida. Pero son cosas que vamos preparando en el momento y en cada caso porque son situaciones muy particulares», resaltó Inés Pieve.

Los demás velatorios volvieron a realizarse con horarios normales, aunque con limitaciones de hasta 10 personas por fallecido. Las funerarias mantienen reuniones con autoridades para ultimar detalles sobre los casos en que el deceso sea en el domicilio.

 El Oñativia  armó una  morgue

El gerente del hospital Oñativia, Marcelo Nallar, informó que construyeron una morgue en el nosocomio. «Es para 5 cuerpos, está a un costado del centro ambulatorio y tiene una entrada independiente con sistema de ventilación», contó. El médico recordó que se considera que los pacientes del hospital están en grupos de riesgo, ya que sufren diabetes u obesidad.

El gerente indicó que se tomaron algunas medidas para proteger a los grupos de riesgo, como darles los medicamentos en puestos ubicados afuera del hospital . «Para que no entren al hospital y se arriesguen a contagiarse de coronavirus o de alguna otra enfermedad», señaló.

Las rotaciones de trabajadores por día es otra de las disposiciones que se tomaron por la pandemia recientemente. También, las atenciones virtuales. «La telemedicina vino para quedarse», aseguró Nallar y celebró una reciente intervención mediante esta modalidad que «le salvó la vida a un niño»: «En Nazareno, un niño hizo un debut diabético y la especialista del área hizo una videoconferencia con el médico de allá, que le puso la insulina y lo salvó», contó el médico.

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