El delito ambiental se volvió el tercer más lucrativo del mundo

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Un informe de InterPol ubica a los delitos medioambientales solo por detrás del tráfico de drogas y las falsificaciones.


Un informe de la InterPol y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente pincela delitos que cualquier salteño conoce, pero que se replican en 70 países. El dinero que moviliza oscila entre los 110 y los 281 mil millones de dólares.

InterPol y ONU reconocen que existe un alto grado de incertidumbre a la hora de afinar las cifras por la falta de estadísticas criminales, aunque aclaran que los delitos medioambientales ocupan el tercer lugar en el mundo: primero aparece el tráfico de drogas (344 mil millones de dólares), luego las falsificaciones (288 mil millones) y en tercer lugar los crímenes ambientales que movilizan entre 110 y 281 mil millones de dólares al año.

“La tala irregular y el comercio ilícito de madera ocupan el primer puesto de los delitos medioambientales con entre 51 mil y 152 mil millones de dólares al año. El tráfico de especies mueve entre 7 mil y 23 mil millones y la pesca ilegal entre 11 mil y 24 mil millones. A estos se le une la minería irregular (entre 12 mil y 48 mil millones) y los delitos relacionados con los residuos (entre 10 mil y 12 mil millones)” describe el informe internacional.

El tráfico de animales salvajes supone una grave amenaza a la supervivencia de la biodiversidad del planeta y los animales más demandados en el mercado negro son las aves tropicales como loros y guacamayos, reptiles como serpientes y cocodrilos, algunos arácnidos como las tarántulas y los monos titís, chimpancés y lémures. El tráfico con animales no es únicamente para su compra como mascotas domésticas, también existen casos tan graves como la venta de marfil de elefante en el mercado negro, el cuerno de rinoceronte, o la piel del tigre, utilizada como artículo de decoración. Vietnam, China y Tailandia están entre los países con mayor tráfico de animales en peligro.

InterPol también clasifica como delitos ambientales de alto nivel todos los relacionados a la explotación forestal como la tala ilícita y las actividades conexas, a la pesca ilegal y las infracciones destinadas a facilitar su comisión como la falsedad documental, y a la contaminación que incluye el comercio y la eliminación de residuos peligrosos o electrónicos. “A diferencia de cualquier otra forma conocida de delito, el delito ambiental se agrava por su impacto en el medio ambiente y, por tanto, su costo para las generaciones futuras. La deforestación, el vertido de productos químicos y la pesca ilegal (y otros) dañan el medio ambiente, causando la pérdida de aire y agua limpios, exacerbando las condiciones climáticas extremas, reduciendo la seguridad alimenticia, y, por lo tanto, amenazando la salud general y el bienestar de la sociedad. Estos crímenes también privan a los gobiernos de ingresos muy necesarios y socavan los negocios legales” concluye el informe.

El informe advierte que algunos grupos armados no estatales, el terrorismo y redes delictivas se financian mediante la explotación de los recursos naturales de las zonas en conflicto, y se estima que al menos el 40% de las pugnas internas se vinculan a este delito.

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