Doña Juanita sopló 100 velitas en Güemes

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Hace gala de una memoria prodigiosa y sus compañeros dicen que es amorosa.

En medio de la pandemia la vida continúa. Eso pudo verse reflejada en los flamantes 100 años de doña Juana Albarracín de Stauffer quien, entre familiares y amigos, observando el protocolo correspondiente, pudo celebrar un nuevo cumpleaños con todas sus facultades intactas, una memoria envidiable y muchas ganas de vivir cada día que Dios le regala. “No tomo ninguna pastilla, solo tengo un poco de problemas en la vista y en mis huesos que están frágiles. Pero después, me siento bien, nunca pensé en llegar a esta edad”, comentó con una sonrisa.

Ella llegó a los 7 años desde Santiago del Estero junto a sus padres y hermanos. “Papá, que era ferroviario, fue trasladado a General Güemes y tuvimos que venirnos todos. Tengo cuatro hermanos y éramos chicos, aquí no teníamos ni una pieza dónde vivir, por lo que por un buen tiempo nos alojamos en vagones del ferrocarril. Después mi padre encontró una pieza y trabajó mucho para comprarle un terreno a la familia Cornejo, quienes eran los dueños del ingenio San Isidro”, relató con nostalgia.

“Así fuimos creciendo, tuve una infancia muy feliz; mis padres eran muy rectos, pero nunca nos pegaron. Con solo la mirada o un buen reto nos fueron llevando por el buen camino. Pero todo era así, en la escuela también, las maestras eran de hacerse respetar, usaban el puntero o un tirón de orejas y nos ponían en penitencia haciéndonos quedar después de hora. Y cuando salíamos tarde nuestros padres encima nos recriminaban porque seguramente nos habíamos portado mal. Todo era muy distinto a lo que pasa ahora”, reflexionó Juana.

 La pandemia

Con respecto a la pandemia por la que estamos atravesando dijo: “Nunca viví algo así; la gente anda con mucho miedo; yo recuerdo que cuando iba a la escuela, un año tuvimos que usar tapabocas, nos poníamos pañuelos porque había una enfermedad que afectaba la garganta de los niños, no recuerdo cuál era. Pero sí creo que solo los niños se veían afectados, no nos dejaban salir al recreo, estábamos mucho tiempo dentro de la casa, y siempre con los pañuelos tapándonos la boca, para nosotros era algo como un juego porque no sabíamos de qué se trataba, pero los mayores se veían preocupados”.

Doña Juanita tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. “Ellos se hicieron grandes y se fueron de la casa, yo enviudé y me quedé viviendo sola, pero ellos me acompañaron siempre. Ahora, desde hace algunos años vivo con uno de mis hijos por mi edad, pero no le doy trabajo”, aclara con cierta picardía.

Su pasión fue la costura y desde niña aprendió sola a coser. “Mis hermanos se iban a jugar afuera y yo me quedaba en la pieza cosiendo vestidos para mis muñecas, después seguí y me hice costurera. Por casualidad, comencé a arreglar trajes de gauchos y esa fue mi especialidad. Desde hace un tiempo que no hago costuras, pero todavía lo extraño”, afirmó con nostalgia.

Son pocas las personas que lograron cumplir 100 años, seguramente cada una de ellas guarda un pequeño secreto para una vida tan longeva. Y para doña Juanita fueron tres.
“Yo creo que llegué a esta edad debido a que no me hago problemas por cosas pequeñas, hay gente que reniega por cualquier cosa con solo ver volar una mosca. También se debe acudir siempre al médico, cuando yo siento que algo no anda bien voy al médico, no espero a que empeore; y por último, una copita de vino en el almuerzo”, comentó en voz baja doña Juana Albarracín, quien supo cosechar el amor de sus vecinos y de quienes llegaron a conocerla.

Una hija de crianza, presente en el festejo, la describió así: “Es una mujer adorable, se hizo cargo de mí y de mis hermanos cuando quedamos sin padres; ella es como mi segunda mamá. Tiene una rica historia en su memoria, porque participó de los acontecimientos más importantes de General Güemes. Es toda una personalidad, quiera Dios que la tengamos por muchos años más junto a nosotros”, manifestó Juana Valdiviezo.

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