Cien días de cuarentena, en una sociedad muy vulnerable

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Las decisiones políticas lograron hasta ahora moderar la expansión del virus. La paralización de la economía anticipa serias dificultades para las empresas y las familias.

Estos cien días de cuarentena (que seguramente llegará a la primavera o al verano) son la contribución de todos los argentinos para preservar la salud de todos y la vida de los más vulnerables.

Por la magnitud y la velocidad del contagio, la pandemia COVID-19 se ha transformado en una tragedia planetaria impensada, cuyos efectos en el orden mundial son aún incalculables. Porque las relaciones internacionales ya están siendo alteradas, y es inevitable que también ocurra con los desarrollos de nuevas tecnologías, que son piezas clave del poder mundial.

La palabra «cuarentena» remonta a los cuarenta días de aislamiento que debían cumplir los contagiados durante la peste negra que en el siglo XIV causó la muerte de doscientos millones de europeos.

Más allá de algunas desafortunadas expresiones de dirigentes que hacen política mientras la ciudadanía realiza un enorme sacrificio, la COVID-19 ataca a la sociedad y pone a prueba la tolerancia a cambios drásticos en las costumbres.

Por la naturaleza de este extraño virus, su acción se concentra en los grandes centros urbanos y con mayor actividad económica y movimiento de personas en espacios comunes. Por eso, esta vez, el mayor índice de contagios se produce en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano y otros 16 municipios, donde viven casi 15 millones de personas, el 37% del país. Sin embargo, es un problema nacional que puso al desnudo deficiencias (o insuficiencias) en el sistema público de salud y la fragilidad de nuestra economía.

Aunque las cifras de contagios registrados en Salta hablan de la eficiencia del bloqueo puesto en práctica, esta paralización de gran parte de la actividad económica en el centro del país se hará sentir, lo mismo que los gastos de emergencia, dispuestos por el Estado.

La pandemia provocará la caída del PBI mundial en proporciones que oscilan el 10%, una recesión comparable a la que produjo el crack de Wall Street de 1929.

Nuestro país optó por la cuarentena más larga, con buenos resultados sanitarios, pero que obligará a resolver de inmediato problemas mucho más graves que la deuda externa.

En las últimas cinco décadas Argentina registró una caída progresiva de la actividad económica, acompañada por una tasa de inflación ubicada entre las más altas del planeta, un déficit fiscal endémico y un comercio exterior atado a la suerte de las commodities.

De hecho, la mitad de los niños y niñas viven en hogares cuyo jefe o jefa carece de empleo; la economía no genera trabajo genuino y los gobiernos, hasta ahora, solo atinan a apelar al asistencialismo, que es el rostro amable del clientelismo.

Entre tanto la actividad empresaria está en pleno declive. La venta de automóviles cayó un 87,9%, vestimenta, 72,2%, productos metalmecánicos casi un 55% y equipos electrónicos más de 75%. Según el Indec, 1.300 empresas relevadas, «solo un tercio de los locales de las industrias manufactureras pudo operar con normalidad en abril, mientras que los dos tercios restantes, o no operó o solo pudo hacerlo parcialmente».

Si bien la vida de los salteños se desenvuelve con mayor normalidad, lo cierto es que el país espera un 10% de caída en la actividad, tuvo que aumentar drásticamente el gasto público y para eso produjo la mayor emisión monetaria en treinta años. Por lo tanto, las perspectivas económicas son sombrías.

Esta es la contracara del aspecto humanitario que también es un rasgo de la cultura nacional.

La pandemia es un esfuerzo colectivo a favor de la vida, y ese podría ser un valor que amalgamara a todos para que el país pueda salir adelante en la coyuntura.

Los dirigentes nacionales ganaron prestigio cuando se mostraron unidos. La foto de Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof inspiró confianza a una población desalentada. Los gestos de enfrentamientos o recelos, en cambio, erosionaron la imagen, especialmente, del Presidente. La experiencia dice que va a ser arduo superar la actual coyuntura. La cuarentena es un golpe letal para la economía y la política ofrece las herramientas para superarlo, aunque todo dependerá de cómo las utilicen los que en estos meses ejercen el poder.

Cambios de hábitos

¿Cuánto cambiarán el trabajo y la educación tras el aislamiento sanitario? 

Es temprano para los pronósticos. El teletrabajo será evaluado por las empresas, que sin embargo, ya deberían estar en la senda de la inteligencia artificial y la robótica.

La educación podrá modificarse progresivamente, aunque no parece posible que Zoom reemplace al encuentro en el aula real. Y todavía parece lejana la “imprescindible” informatización generalizada de la escuela media y la universidad.

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