Alsemo, el hombre indigente que regresó a su hogar tras 19 años, finalmente murió

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Tras vivir en la indigencia en Pichanal, el formoseño fue rescatado por dos jóvenes quienes lograron dar con su familia. Falleció ayer tras un delicado estado de salud.

Lo que parecía ser una historia con final feliz, no lo fue. Alsemo de Mendoza, un hombre que hace 19 años se fue de Formosa en busca de trabajo y vivía en estado de indigencia en Pichanal, murió ayer tras reencontrarse con su familia en su provincia natal.

Tras arribar a Formosa, estuvo internado en terapia intensiva con una neumonía crónica. Su hija Johanna, quien había iniciado una cadena de oración rezando por la salud de su padre, fue quien confirmó su muerte a través de las redes sociales.

“Ahora te encuentras allá arriba, observando de lejos todo lo que hago. Te extraño igual o más que el día que supe que ya no estabas y así será por el resto de mi vida. Descansá en paz y esperame ahí, en donde ya no sientas dolor y te prometo que al llegar, serás la primera persona que buscaré. Mientras tanto visitame en mis sueños”, fue parte del texto que compartió en Facebook.

La historia de Alsemo

“Paraguayo” o “Gringo” era el apodo de Alsemo para la gente de Pichanal. El hombre vivía en la indigencia y con una hernia severa. Hace unas semanas, dos jóvenes lo asistieron y publicaron su historia en las redes soiales. Sus fotos se viralizaron rápidamente y días más tarde sus familiares se contactaron para reencontrarse con él después de 19 años.

Belén Ruiz, estudiante de radiología y proteccionista fue quien lo vio, el pasado 15 de noviembre, tirado a un costado de la ruta. Lo asistió y luego llamó a una ambulancia para que lo asistiera y trasladara a un hospital de la zona. Sin embargo, Alsemo al otro día ya no estaba en el centro médico. Se había escapado.

La joven escribió en un grupo llamado “Trueque Pichanal”: “Necesito que me den una mano para buscar a este señor. La ambulancia lo buscó pero él se fue del hospital. Quiero ubicarlo para que se lo pueda ayudar. Necesita atención médica, no puede estar así. Necesito gente dispuesta a actuar en estos casos, porque las palabras se las lleva el viento”.

Una persona confirmó que lo vio caminando hacia el basural del río San Francisco, a pocos kilómetros de Pichanal. Belén y Vanesa Morales, su amiga, fueron a socorrerlo y volvieron a asistirlo. Llamaron a la ambulancia, esperaron durante varias horas hasta que finalmente llegó y volvieron a trasladarlo al hospital, pero “sin ningún tipo de medicación” (dijo Belén), volvió a escapar.

Nuevamente las jóvenes recurrieron a las redes sociales para encontrarlo y nuevamente lograron dar con su paradero aunque su estado de salud empeoraba día a día.


Belén y Vanesa lo trasladaron a una estación de servicios, lo bañaron, le cortaron el cabello y le consiguieron ropa y zapatillas.

Con su nuevo aspecto, Alsemo fue fotografiado para que pueda reencontrarse con su familia hasta que unos días más tarde una de las jóvenes recibió un llamado desde Formosa.

“Hace 19 años que estamos buscando a mi tío, su mamá, Zulema, murió de pena extrañándolo”.

Antes de morir Zulema le pidió a sus hijos y a sus nietos que no dejaran de buscarlo. “Supuestamente él salió a trabajar en un campo con animales y no volvió más”, relató.

Alsemo tuvo una emocionante comunicación por videollamada con su familia. Del otro lado estaban sus hermanos, sobrinos, tíos, su hija Johanna y su nieto Felipe.

La familia de Anselmo se encargó, inmediatamente de los trámites de repatriación. Pero las fronteras de la provincia de Formosa son prácticamente impermeables y el trámite es demasiado burocrático.

Al principio no autorizaron el ingreso de Anselmo al territorio formoseño ni la salida de sus familiares. Luego intervino el ministerio de Desarrollo Humano de la Provincia: exigió un hisopado negativo y el aislamiento preventivo en un hospital durante catorce días.

Belén viajó hasta el límite provincial y lo despidió. “Me costó mucho despedirlo, solo lo abracé fuertemente y con lágrimas en los ojos le dije ‘ya iré a visitarte, cuídate abuelo. Él me dijo ‘gracias’. Me di cuenta que él iba cayendo en la realidad”. Ella fue su psicóloga, lo bañaba y lo cambiaba, le hacía la cama y el desayuno, “Fue muy emocionante. Sufrió muchos años en la calle. Pudimos hacer que vuelva con su familia”.

Sin embargo Johanna apenas pudo ver a su padre antes de que muera horas atrás.

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