25 de mayo, un grito de libertad

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Hoy se celebra la creación de la primera Junta de Gobierno patrio. Una mirada desde el rol del Regimiento de Patricios en los días de mayo de 1810.

En mayo de 1810, tras conocerse que las autoridades españolas habían sido depuestas, se entendió que la autoridad debía recaer en el pueblo. La hora de la independencia había llegado. Fue en ese momento que, el entonces teniente coronel Cornelio Saavedra anunció: “Señores, ahora digo que no solo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora de tiempo” (sic).

El 20 de mayo, el virrey Cisneros determinó convocar a los comandantes de los cuerpos de la Capital para conocer si estaban dispuestos a sostenerlo, como lo habían hecho en 1809, en caso de producirse una convulsión local. La contestación fue categórica. Fue entonces, justamente, cuando Cornelio Saavedra, en nombre de todos los demás jefes, dijo:

“Señor, son muy diversas las épocas del 1º de enero del año 9 y las de mayo del 10 en que nos hallamos. No señor, no queremos seguir la suerte de España, ni ser dominados por los franceses, hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos. El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no existe. Por consiguiente, V.E. tampoco la tiene ya, así es que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en él” (sic).

Los acontecimientos se aceleraron y el día 22 tuvo lugar el Cabildo Abierto, en el que el pueblo votó por la cesación del virrey en sus funciones y su reemplazo hasta que se nombrara una junta de gobierno, que se integraría por decisión popular. Entre los vecinos notables invitados por el Cabildo para asistir al congreso celebrado aquel día, figuraban varios oficiales de la Legión de Patricios. Fueron ellos quienes, junto con numerosos patriotas, votaron por la caducidad de la autoridad del virrey y la formación de un gobierno popular.

Al día siguiente, el Cabildo, con una hábil maniobra, trató de dejar sin efecto lo votado el 22 y dispuso que continuase en el ejercicio del poder el mismo Cisneros, presidiendo una junta gubernativa, entre cuyos vocales hicieron figurar a Saavedra.

El cabildo y la plaza en una de las imágenes más emblemáticas del 25 de mayo en la visión de Francisco Fortuny
El cabildo y la plaza en una de las imágenes más emblemáticas del 25 de mayo en la visión de Francisco Fortuny

El día 23, el propio virrey, cauteloso, deseó conocer previamente la decisión de los jefes de cuerpo, que declararon que solo debía hacerse público el bando acordado y que, si no se hacía, el malestar del pueblo no se aquietaría.

El 24 de mayo, el Cabildo intentó por última vez sostener al exvirrey Cisneros en el cargo, y mantenerle sus privilegios y rentas. Cuando surgió el descontento público ante la inútil dilación para decidir la forma de gobierno que iba a asegurar el triunfo definitivo de la gran causa, el cuartel de Patricios se convirtió en el centro de reunión de los patriotas. En medio de aquel escenario de exaltación, se templaron los ánimos de los más resueltos, asegurándoles que al día siguiente se elevaría una exhortación al Cabildo para exigir el cumplimiento de la voluntad del pueblo, tan inequívocamente expresada.

La gran reivindicación popular se apoyó en el Regimiento de Patricios y podría afirmarse que, sin él, la revolución se hubiera retardado.

Por fin llegó el 25 de mayo, y con las primeras luces de aquel histórico día, el pueblo retomó su actitud decidida y beligerante para resolver la situación reuniéndose frente al Cabildo en la Plaza de la Victoria. Más tarde se escucharía, de labios de los patriotas, la noticia del triunfo de la revolución.

El Regimiento de Patricios tuvo una actuación preponderante: se convirtió en el sostén del movimiento emancipador; fue el brío de la Revolución de Mayo.

La posición de los criollos, su decisión y su amenaza directa dieron por tierra con las maniobras de los cabildantes españoles peninsulares, que habían perdido autoridad en manos de Saavedra con sus Patricios, los demás regimientos criollos y el pueblo. La gran reivindicación popular se apoyó en todo momento en ese cuerpo criollo y podría afirmarse que, sin él, sin su decisión, la revolución se hubiera retardado.

En sus Memorias, Saavedra expresa que, para este logro, aquellos hombres no midieron los riesgos de sus vidas, su familia, ni sus intereses particulares. Actuaron confiados en sus fuerzas, en su acreditado valor y en la justicia de la causa de la libertad americana.

(*) El capitán Miguel Vergara integra el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”

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